Por qué ayudar a los demás no es tan buena idea como parece

Pensarás que me he vuelto loca poniéndole este título a mi primera entrada de blog, con la que me presento. Pero no, tiene sentido, te lo prometo. Si sigues leyendo te contaré por qué esto de ayudar a los demás es más contraproducente que enriquecedor y te propondré una alternativa: la cooperación.

Se puede entender que ayudar a los demás no es la mejor idea desde diferentes puntos de vista. El primero y fundamental tiene que ver con las relaciones de poder. Ayudar a otros nos coloca en una situación privilegiada o en cierto modo superior a la de la persona a la que prestamos la ayuda llegando incluso a hacerla sentir (involuntariamente por supuesto) incapaz, débil y sin competencias de aprendizaje.

Resulta que la verdad es que casi nadie necesita la ayuda de nadie, ni siquiera los niños. Incluso ellos deben ir aprendiendo a ser independientes poco a poco haciéndose responsables de las pequeñas cosas de su vida. Progresivamente, adaptativamente, pero no tiene ningún sentido acostumbrarles a que otros hagan las tareas que les conciernen úicamente a ellos, ya que estaríamos corriendo el riesgo de formar a futuros adultos emocionalmente débiles irresponsables, e incapaces de mantener un compromiso de cooperación consigo mismos y otras personas.

En el otro extremo de este continuo, están las personas que han hecho de la ayuda, el rol principal de su vida, la piedra angular de su ser-en-el-mundo, llegando por ello a olvidarse de algo tan importante como cuidarse o ayudarse a si mismas. Son personas que constantemente se están ocupando de todo y que asumen una serie de obligaciones y responsabilidades que no les corresponden. Estas personas, con toda su buena voluntad se están minando y boicoteando a sí mismas y progresivamente pueden llegar a convertirse o a ser percibidas como tiranas, rígidas y controladoras.

Menudo panorama ¿no?. Si quiero ser “buena persona” y ayudar, corro el riesgo de transformarme en una obsesa del control o de ser la responsable de restar poder y capacidad de autorealización a los demás. Si soy de esas que prefieren ser ayudadas constantemente, me voy a perder una enorme oportunidad de crecimiento personal y no voy a saber lo que es disfrutar de establecer relaciones de compromiso con otras personas (o grupos) y cooperar aunando fuerzas para conseguir beneficios mayores. Tanto quien siempre asume el rol de ayuda como quien constantemente prefiere ser ayudado se está limitando a sí mismo.
Por eso no hay que ayudar a los demás, debemos establecer relaciones de cooperación y colaboración con ellos. Veamos más detalladamente en qué se diferencian la ayuda de la cooperación.

Cuando ayudamos superponemos nuestras capacidades y conocimientos a los de otra persona para hacer algo que simplemente podría hacer por si misma si lo intentara. Se trata de un juego de suma cero, en el que lo que uno gana el otro lo pierde.
Cuando dos o más personas colaboran con un fin común, ocurren cosas que parecen mágicas. El juego cambia y todo el mundo gana. Es más, cada integrante del grupo es capaz de ganar mucho más de lo que ganaría por sí solo. De esta forma se consigue que el todo sea mucho más que el resultado de la suma de las partes.
Entendemos muy bien el concepto de cooperación dentro del ámbito empresarial. A todos nos encaja que una consulta sanitaria, un equipo artístico o un estudio de arquitectura por poner algunos ejemplos, que esté constituido por varios colegas procedentes de disciplinas diversas, será más fuerte y podrá ocupar un nicho de mercado mayor que pequeños negocios independientes formados por una sola persona especialista en una única materia o servicio. Entonces, ¿por qué no racionalizamos y llevamos este concepto a la vida cotidiana? No solo alcanzaríamos mayores cotas de realización personal obteniendo un crecimiento emocional que nos hará personas más capaces y competentes a la hora de ser felices, sino que además estaríamos infinitamente más cerca de la igualdad en cosas tan mundanas y aparentemente intrascendentes como el reparto de tareas y obligaciones dentro del hogar.
En una familia (o cualquier otro tipo de organización social) en la que existen conductas concretas, organizadas y definidas de cooperación, todo el mundo gana. Nos sentimos mejor, con más poder, más valorados y con mayor cantidad de tiempo libre para disfrutar del ocio. ¿No te parece muy injusto que para que tú estés bien otra persona tenga que estar jodida? ¿No crees que si cooperasemos con nuestras parejas, hijos, familiares, amigos o compañeros de trabajo en los proyectos vitales que tenemos en común obtendríamos mejores resultados y todo el mundo saldría beneficiado?.

En terapia las cosas no son muy diferentes, por lo menos yo intento plantearlas en terminos de cooperación y no de “ayuda” a mis pacientes. Es cierto que puedes estar en una situación que te supere por muchos y muy diversos factores y que necesites que colabore contigo evaluando qué puede estar ocurriendo, o proponiéndote un plan de acción para hacer que tu percepción sobre las cosas cambie. Pero ese plan de acción no lo voy a implantar en tu vida por ti. Nadie puede hacerlo, sólo tú y de eso va la psicoterapia de compromiso. Descubrirás que desde este enfoque además de superar la situación que te tiene atascado, te llevarás de regalo un empoderamiento que solo las personas que aprenden a hacerse cargo de su vida conocen. La ayuda, por parte de quien la recibe es un comportamiento totalmente pasivo, pero en los procesos de colaboración que se establecen en las relaciones interpersonales todo el mundo trabaja orientándose a unos objetivos y a unas metas.

Ya te dije que podría sonar un poco fuerte oír de la boca de una psicóloga que ayudar a otros no es tan buena idea como pueda parecer en un principio, pero seguro que ahora me comprendes un poquito mejor y estarás de acuerdo conmigo en un buen puñado de cosas. Cooperar es la única forma que conozco de alcanzar la felicidad y por ende la única vía para hacer felices a los que nos rodean, porque la felicidad es una emoción altamente contagiosa que casi siempre se transmite mediante la colaboración.