10 consejos prácticos para ayudar a tu pareja cuando pasa por un mal momento

Cuando alguien te habla de sus problemas no es sinónimo de que se queja. Significa que confía en ti. Generalmente, la primera persona a la que se suele acudir en caso de no estar pasando un buen momento, suele ser la pareja.

Sería complejo hablar aquí y ahora sobre el apego, sobre lo que nuestras parejas son capaces de significar para nosotros o sobre la medida en que sus problemas pueden llegar a afectarnos. Por eso, porque es complejo y me gustaría ir muy al grano y, sobre todo, ser muy pragmática con este post, hoy me he acercado al teclado decidida a resumirte al máximo qué cosas puedes hacer cuando tu pareja pasa por un mal momento y deposita toda su confianza en ti.

 
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Hace unos días te contaba en Instagram que si bien es cierto que la mayor parte de las personas encontramos en la vida de pareja una fuente de gratificación, aceptación y estabilidad emocional, hay ciclos o fases en las que uno de los dos puede atravesar una mala racha anímica sin que el otro sepa muy bien cómo seguir el ritmo, y nos damos cuenta de que lo que le ocurre a nuestra pareja puede condicionar directamente nuestra vulnerabilidad emocional. Si un amigo está deprimido, somos capaces de ofrecerle consuelo sin que caigamos nosotros mismos en su propio malestar. En cambio, cuando nuestra pareja se siente triste, enfadada o ansiosa, nuestras propias emociones se alteran de un modo que puede resultarnos desasosegante. Paradójicamente, nos distanciamos cuando más tenemos que acercarnos, y nos olvidamos de ser el mejor amigo de nuestro mejor amigo.
Por eso voy a hablarte de las diez cosas que puedes hacer desde ya para acompañar y apoyar a tu pareja si está atravesando por un mal momento. Son pautas de amplio espectro, muy genéricas, para que puedas actuar sin importar excesivamente de qué tipo de problema estemos hablando o qué gravedad, levedad revista. Recuerda en todo momento, que ninguna de estas acciones puede o debe sustituir a la psicoterapia en caso de que ésta sea necesaria.

  1. NO SE TRATA DE TI: EMPATIZA. Intenta por todos los medios no llevar la conversación a tu terreno, a cómo el problema te está afectando. Con toda seguridad, también está siendo duro para ti, pero en este momento tienes que olvidarte de tus emociones y sentimientos y volcarte en los de tu pareja intentando ponerte en su lugar. Para poder empatizar hay que practicar, pues es una habilidad que se adquiere y se entrena. Para empezar hay frases que puedes utilizar como “comprendo cómo te sientes”, “imagino que es muy duro”, o gestos que puedes poner en acción como tomar de la mano, abrazar, asentir, etc.

  2. ESCUCHA ACTIVA. La escucha activa es una forma de conversación en la que simplemente debes dejar al otro fluir y asegurarte de que percibe, no solo que le estás escuchando, sino que además entiendes lo que te está diciendo.
    Aunque no lo parezca, en muchas ocasiones pasamos mucho tiempo pendientes de lo que nosotros mismos pensamos y decimos en vez de escuchar activamente al otro. Tienes que hacer un esfuerzo por centrarte únicamente en lo que tu pareja te está expresando verbalmente pero también en los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que te está intentando contar. En la escucha activa es importante que valides emocionalmente al otro y lo aceptes sin juzgar. También que no te distraigas mirando hacia otro lado, que no interrumpas mientras te habla o le comuniques tu desacuerdo con lo que está relatando.
    Existen estrategias muy positivas dentro de la EA como por ejemplo mantener relajación facial, parafeasear, resumir y hacer preguntas. Se trata de tranquilizar al otro, hacer que se sienta cómodo y aceptado mostrando interés total por lo que dice.

  3. DEJA QUE SE SIENTA COMO QUIERA Y LE APETEZCA. Sé que a veces es muy complicado, pero piensa en que si para ti es difícil ver a tu persona así, para él o ella el trago está siendo mucho peor. Deja que llore, que grite, que se exprese corporalmente. Deja que se libere y que de alguna forma pueda catartizar toda la carga mental y emocional que lleva dentro. Vale de mucho que organices actividades en las que los dos podáis “desfogar”. El ejercicio físico, cantar, bailar o realizar actividades de valor artístico como escribir, pintar, salir a tomar unas fotos, etc. son ocupaciones en las que además de llenar vuestro tiempo de ocio compartiendo aficiones que aportarán solidez a vuestra relación, estaréis invirtiendo en salud mental y emocional a título individual.

  4. CONTROLA TUS IMPULSOS Y ENFADOS. Es muy frustrante sí. Sobre todo si se trata de un problema muy serio como una depresión. Pero creéme, solo empeorarás las cosas si castigas el acercamiento que tu pareja ha tenido hacia ti al confiarte sus problemas, emociones y pensamientos enfadándote, frustrándote o actuando por impulsos. Intenta tener autocontrol porque estás en situación de hacerlo. Ahora tú eres el fuerte y podrás después desahogar ese tipo de emociones por otras vías.

  5. REFUERZA LOS AVANCES, IGNORA LOS RETROCESOS. Esto se basa en técnicas de modificación de conducta muy básicas. Es tan simple como que si quieres ver más conductas positivas de tu pareja en relación a cómo estáis abordando el problema, tienes que alabar (reforzar) esas conductas e ignorar aquellas otras que no conducen a nada positivo. Ignorar es ignorar, no critiques porque eso supondría una especie de castigo. Simplemente no hagas o digas nada del tipo “eres muy negativo”, “así no sé cómo vamos a solucionar esto”, “por fin te animas a esto o a lo otro”, etc.
    Nada, rien, nothing. Aplaude lo bueno e ignora lo demás. Te garantizo que funciona.

  6. TRATA EL PROBLEMA CON NATURALIDAD. Recuerda que en psicología los profesionales somos muy dados a poner etiquetas porque es la manera que tenemos de clasificar, ordenar y tratar algunos problemas, pero solo eso. Estar deprimido, sufrir un trastorno de ansiedad, transitar por un duelo o padecer un trastorno de la alimentación no debería estigmatizarnos como pesonas. Tratemos las cosas con toda la naturalidad que nos sea posible para así abrir un hueco a la esperanza, porque absolutamente todo pasa o cambia, todo se mueve sobre un continuo y evoluciona. Las cosas que nos pasan, nos suceden porque estamos vivos, y todo (o más o menos todo) entra dentro de eso que llamamos normalidad.

  7. AYUDALE A VER LAS COSAS CON PERSPECTIVA. Digamos que ahora ellos son los ciegos y nosotros los lazarillos. En este momento es importante que ayudes a tu pareja a que valore sus preocupaciones de una forma más “real” y adaptativa. Éxplicale cómo ves tú las cosas, cómo las percibirías o las harías si estuvieras en su lugar. Hazle ver cómo se relaciona con las cosas que le preocupan y cómo le están afectando. Intenta que pueda volver a conectar otra vez con sus valores fundamentales como persona. Hay charlas en las que recordar el comienzo de la relación, los buenos momentos, los logros compartidos y las metas alcanzadas pueden hacer que cambie el signo de las cosas.

  8. NO BUSQUES CULPABLES. Ni tú ni tu pareja tenéis la culpa de lo que sucede. La vida es así. Las únicas personas que conozco que no tienen problemas, ansiedad, depresión y nunca jamás atraviesan por malos momentos están todas en el mismo sitio: el cementerio. Pasar por buenas y malas rachas es inevitable y forma parte la vida. Lo único que podemos hacer es ofrecer o recibir apoyo rechazando la tentación de pensar que eres el responsable de lo que le pasa a la otra persona.

  9. BUSCA AYUDA PROFESIONAL. Muchas de las situaciones de las que te he hablado forman parte de la vida cotidiana, pero cuando algo se cronifica en el tiempo o está relacionado con un suceso que ha podido ser muy traumático para la otra persona, si estamos hablando de un problema que atenta seriamente contra la salud de tu pareja, es recomendable que además de prestar tu apoyo, pongas en conocimiento de un profesional el caso para que pueda actuar rápido y con precisión.

Para finalizar simplemente te daré un último consejo (y este es sólo para ti, el nº 10) que tiene relación con tu bienestar: sé que es muy duro mantener el apoyo sostenido durante mucho tiempo y que este tipo de cuidados nos pueden llegar a desgastar personalmente. Lo sé porque conozco qué se siente al convivir durante años con una persona que no quiere o es incapaz de ser feliz, y soy muy consciente de lo perjudicial que puede ser a nivel personal verse a uno mismo incapaz de “salvar” a esa persona a la que tanto quiere (pareja, hermanos, padres, etc.). Vigila que el problema no se cronifique, que no se instaure en vuestras vidas de manera permanente. Todo evoluciona, todo pasa o al menos cambia. Por eso, si tras poner el problema en manos de un profesional amén de todo el apoyo emocional que has ofrecido no basta, puede que sea el momento de apartarse temporal o definitivamente e invertir todo ese esfuerzo en ti mismo y tu autocuidado. Todo tiene sus límites y en este caso es tu propia salud.