La enfermedad de Alzheimer, ¿cómo detectarla?

Durante los primeros años de mi vida profesional, me dediqué a atender las necesidades de personas con demencia y las de sus cuidadores.
Fue un trabajo duro en ocasiones, pero muy bonito y enriquecedor para una pipiola que acababa de licenciarse y no sabía muy bien qué hacer con su vida.

Llegué a profundizar bastante en lo que en los 90 y primeros 2000 se sabía sobre la Enfermedad de Alzheimer, incluso realicé una investigación para una farmacéutica muy conocida, compartí proyectos con el departamento de neurología del Hospital Central de Asturias y dicté una charla destinada a profesionales sanitarios y familiares de estos enfermos en el Auditorio Principe Felipe en Oviedo.

Vaya... sí que hice cosas. Fue un camino que no seguí y no es que me arrepienta, pero no puedo evitar la tentación de pensar qué habría sido de mi carrera de haber continuado por aquel sendero. Lo cierto es que no tiene importancia. Es más, seguro que en otro universo hay una Beatriz que sí lo hizo preguntándose qué hubiera sido de su vida si no hubiera dejado pasar la oportunidad de dedicarse a los RRHH (o a la fotografía!).

Bueno, pajas mentales aparte, me gustaría cerrar esta pequeña incursión en el tema de la memoria con dos apuntes importantes. El primero tiene que ver con las cosas que podemos tener en cuenta para hacer un diagnóstico precoz de la EA. Actualmente seguimos sin una cura para esta patología, pero la calidad de vida de los enfermos mejora ostensiblemente si hacemos una detección temprana del trastorno. Es complicado porque mucha sintomatología parece tener más que ver con el estado anímico y emocional de la persona cuando en realidad es el signo de que hay un desequilibrio químico a nivel cerebral vinculado con alteraciones en la memoria.
Para terminar, os daré unas pautas muy sencillas para mantener una buena salud mnésica, pero eso ya será al final del post. ¡Vamos allá con ese diagnóstico precoz de la EA!



 

① La primera pista suele ser el cambio de carácter y la aparición de sintomatología depresiva.

Lógicamente este tipo de signos son muy comunes y pueden afectarnos a todos en algún momento concreto de la vida. Muchos pacientes comienzan refiriendo esta sintomatología depresiva porque algunos de los neurotransmisores implicados en ambas patologías son comunes, como por ejemplo la dopamina y la serotonina. Si que es cierto que una vez diagnisticada, la persona puede sufrir un episodio de depresión relacionado que habría que tratar de forma paralela, pero no tiene que ver con esos síntomas iniciales


② La segunda pista son los olvidos leves.

Mucha calma con esto porque a medida que envejecemos es algo que nos va a ocurrir con mayor frecuencia sin que por ello padezcamos una enfermedad degenerativa. Lo más importante a la hora de realizar una detección precoz de la enfermedad es comprender que ha de producirse un cambio suficientemente significativo en relación a cómo siempre se ha comportado la persona afectada. Además de los olvidos, puede aparecer algo que denominamos Aprosexia, que es la incapacidad para mantener la atención.



③ Desorientación en el espacio y en el tiempo.

Este signo es tremendamente significativo. Sin esfuerzo todos podemos situarnos en estas dos variables. Sabemos dónde estamos y en qué momento, podemos orientarnos y dirigirnos a otro lugar sin mayor complicación y, a no ser que estemos de desconexión total por vacaciones, somos perfectos conocedores del día de la semana, mes y año en el que vivimos. Los pacientes EA tienen serios problemas a la hora de situarse en este eje. Como siempre observa si se trata de una anomalía pasajera o si este hecho ocurre más veces de las que puedas considerar como normal. Generalmente cuando esta desorientación es patente, la enfermedad ya ha dado un paso o dos adelante.


④ Incapacidad para denominar objetos comunes.

Las personas que padecen EA tienen un bajón considerable en cuanto al vocabulario que utilizamos de manera cotidiana. Se presentan las primeras señales de Agnosia. La agnosia es la incapacidad para identificar un objeto mediante un sentido o varios. Su diagnóstico ha de ser clínico y a menudo incluye la realización de pruebas neuropsicológicas de imágenes. En en esta fase ligeramente avanzada de la EA la terapia del habla y la ocupacional pueden ayudar a los pacientes a compensar sus déficits.
A la agnosia se le suman problemas en la comunicación oral con otras personas



⑤ Dificultad para llevar a cabo las AVD (actividades de la vida diaria) como el aseo personal, vestirse, etc.

Esta sintomatología está presente casi desde el comienzo de la EA. Va progresando desde estadios muy ligeros y superficiales hasta la incapacitación total de la persona para llevar a cabo cualquier clase de actividad de la vida diaria como por ejemplo vestirse o desvestirse, el aseo personal, comer, etc.



⑥ Dificultades para hacer cálculos mentales y manejar el dinero.

Finalmente este es otro de esos signos que se suelen pasar por alto pero que son muy significativos a la hora de establecer ese diagnóstico precoz. Se trata de la dificultad, cada vez mayor, para realizar cálculos mentales y manejar el dinero. Las personas afectadas por la EA atraviesan serias dificultades a la hora de realizar una compra sencilla como por ejemplo una barra de pan o sacar un billete de autobús. En ese momento ya se habrá perdido la capacidad de resolver problemas complejos.

 

Ante estos síntomas, consultar a un neurólogo y observar atentamente cualquier cambio

 

El envejecimiento es un proceso de cambio y adaptación a nuevas situaciones. En ocasiones estos cambios vienen marcados por variables sociales como la jubilación o la pérdida de seres queridos, pero es obvio que las esferas física y psicológica de las personas también se ven modificadas con el paso de los años. El envejecimiento es, por tanto, el conjunto de cambios morfológicos, funcionales y psicológicos que el paso del tiempo produce irreversiblemente en los seres vivos.

La adaptación al cambio es una de las definiciones que hacemos acerca de la inteligencia del ser humano. A quien más y a quien menos le supone un quebradero de cabeza y una acción de fuerza de voluntad el cambiar la rutina diaria que ha mantenido a lo largo de los años. Ya sea una rutina elegida o una impuesta por las circunstancias, las personas, por lo general, nos sentimos más cómodas en lo previsible que en lo incierto.

Nuestro cuerpo envejece y se modifica, nos salen arrugas en la piel, se nos blanquea y cae el pelo, las orejas y la nariz aumentan de tamaño, el funcionamiento de nuestras articulaciones y múscilos cambia encontrándonos más rigidos y menos ágiles, etc. Pero además de todos esos cambios observables a simple vista, ocurren otros de los que no tenemos una pista tan clara con solo echar un ojo a la persona. Uno de ellos es que nuestro cerebro también se modifica con el paso del tiempo.
Nuestro cerebro, que es el órgano que forja nuestra personalidad y controla nuestra conducta también sufre modificaciones y podemos llegar que algo se altera en nuestra identidad, especialmente cuando ese algo tiene que ver con la memoria. Por eso, para cerrar este post, quiero aportarte una serie de pautas que desde ya puedes poner en marcha para hacer un poco de gimnasia cerebral y ayudar a tu memoria a preservarse joven y ágil por mas tiempo.

 
  1. LEER. Da igual el tipo de lectura, si lo haces por placer o por trabajo, pero lee al menos un par de horas al día. Lo agradecerá no solo tu cerebro 😉

  2. VER Y HACER FOTOGRAFÍAS. De tu álbum familiar. Crear recuerdos con una cámara fotográfica es algo maravilloso además de sano a muchos niveles, sobre todo el emocional.

  3. JUGAR. Especialmente todo tipo de juegos de ingenio y razonamiento. No hace falta más que ser un fan de los crucigramas, los sudokus o los puzzles para hacer de la diversión algo más que saludable.

  4. MANO NO DOMINANTE. Intenta hacer con ella cosas que habitualmente haces con la mano dominante. Es difícil, a veces da la risa, pero funciona.

  5. OLFATO Y TACTO. El ser humano es muy visual, por eso debemos trabajar un poquito los otros sentidos que estamos dando de lado, por ejemplo tacto y olfato.

  6. RELAJATE. Y controla la ansiedad y el estrés. Yoga, meditación o ejercicios de relajación pautados te van a ayudar a conseguirlo.

  7. CAMBIA TUS RUTINAS. Ve al trabajo por sitios ligeramente diferentes al habitual, no compres siempre en el mismo super, sáltate algunas rutinas y crea nuevos recuerdos para ellas.

  8. USA TU IMAGINACIÓN. No sabes lo gran aliada que es nuestra imaginación para casi todo. Intenta cerrar el día revisando en tu imaginación cómo ha sido, cambiando cosas si no te gustaron y proyectando lo que tienes que hacer o te gustaría hacer al día siguiente.

  9. MISCELANEA. Mi último consejo vale para todo y es que comas bien, no bebas demasiado alcohol, destierra el tabaco de tu vida, duerme las horas necesarias, haz algo de deporte y practica el sexo siempre que te apetezca. Todo esto pone en orden los niveles hormonales en el cuerpo y los de muchos neutotransmisores.